Los pioneros en blanco y negro
La televisión en España echó a andar en 1956, y muy pronto descubrió que el concurso era un formato barato, adictivo y capaz de reunir a toda la familia frente al televisor. Uno de los primeros grandes éxitos fue «Cesta y puntos», estrenado en 1965 en la única cadena de entonces, TVE. Enfrentaba a equipos de distintos institutos en pruebas de conocimientos, con un formato escolar que hoy reconoceríamos como el abuelo de todos los concursos de preguntas patrios.
En aquellos años el concurso cumplía una función casi educativa en un país con acceso limitado a la cultura. Ganar no significaba grandes premios en metálico, sino prestigio y unos minutos de gloria. Esa mezcla de saber y espectáculo sentó las bases de todo lo que vendría después.
«Un, dos, tres... responda otra vez»
Si un programa define la historia del concurso español, es «Un, dos, tres... responda otra vez». Creado por el genial Narciso «Chicho» Ibáñez Serrador, se estrenó en 1972 y, con distintas etapas y parones, se mantuvo en antena hasta 2004. Fue un fenómeno social: llegó a reunir a decenas de millones de espectadores en sus mejores momentos.
Su fórmula era una máquina de entretenimiento perfectamente engrasada, con fases que se convirtieron en cultura popular: la ronda de preguntas rápidas por un tema, la subasta de regalos y la temida calabaza como premio negativo, que podía dejarte sin nada. Personajes como Don Cicuta, las azafatas y los «tacañones» forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. El «Un, dos, tres» demostró que un concurso podía ser también un gran show televisivo.
Importaciones, cifras y letras
Con la llegada de las cadenas privadas a comienzos de los años noventa, la oferta se multiplicó y empezaron a adaptarse formatos internacionales de éxito. TVE estrenó «El precio justo», versión española del estadounidense The Price Is Right, presentado por Joaquín Prat, donde los concursantes debían adivinar el valor de distintos productos. En La 2 triunfó «Cifras y letras», adaptación de un clásico francés que combinaba cálculo mental y juegos de vocabulario, un concurso sobrio y exigente que se ganó a un público fiel.
Y en 1997 nació en La 2 el que sería un récord de longevidad: «Saber y ganar», presentado desde el primer día por Jordi Hurtado. Con su tono pausado y culto, el programa se ha convertido en uno de los más veteranos de la televisión europea, hasta el punto de que la eterna juventud de su presentador es ya un chiste recurrente en internet. «Saber y ganar» demostró que un concurso puramente cultural podía durar décadas.
El concurso como espectáculo popular
No todos los concursos se apoyaban en la cultura general. Algunos apostaron por el espectáculo puro, y ninguno lo hizo con tanto éxito como el «Grand Prix del verano», estrenado en TVE en 1995 y presentado durante años por Ramón García. Enfrentaba a equipos de distintos pueblos en pruebas físicas y disparatadas —con la célebre vaquilla como protagonista—, mezclando preguntas con humor y participación local. Se convirtió en una cita fija de las noches de verano y demostró que el formato concurso era lo bastante elástico como para abarcar desde el saber más exigente hasta la comedia familiar. Esa versatilidad es una de las claves de su supervivencia durante décadas.
El millón y el rosco
El año 1999 trajo a España un formato que arrasaba en todo el mundo: «¿Quién quiere ser millonario?», emitido por Antena 3 con el título «50x15» y presentado por Carlos Sobera. Sus comodines —el 50 %, la llamada a un amigo y el público— se volvieron parte del lenguaje cotidiano. La tensión de arriesgar un premio acumulado por una sola pregunta era pura televisión. La fórmula con la que el presentador confirmaba cada respuesta —«¿es esa su última palabra?»— se coló también en el habla de la calle, buena prueba del calado que estos programas tenían en la conversación diaria del país.
Pero el gran fenómeno del nuevo siglo fue «Pasapalabra», estrenado en 2000. Su prueba estrella, El Rosco —un círculo de veinticinco letras que hay que completar contrarreloj—, enganchó a millones de espectadores. El programa pasó por varias cadenas y llegó a retirarse en 2019 por un litigio sobre los derechos del formato, para regresar a Antena 3 en 2020 de la mano de Roberto Leal. Sus botes, acumulados durante meses, han superado en ocasiones los dos millones de euros, convirtiendo cada rosco resuelto en un acontecimiento.
Los Lobos y el mayor premio de la historia
La fiebre por los concursos de equipos dejó a comienzos de la década de 2010 títulos como «Atrapa un millón» (Antena 3, 2011). Pero el récord absoluto llegó con «¡Boom!», presentado por Juanra Bonet, donde los equipos debían desactivar bombas respondiendo preguntas. El equipo Los Lobos se convirtió en leyenda: tras una racha histórica, se llevó en 2019 un premio de 6.689.700 euros, el mayor jamás repartido por un concurso de la televisión española.
Cifras así explican por qué las cadenas siguen apostando por el género: un buen concurso genera fidelidad diaria, protagonistas queridos por el público y momentos de tensión imposibles de guionizar.
La llegada de internet, lejos de matar el formato, lo ha reforzado. Los mejores momentos de programas como «Pasapalabra» o «Saber y ganar» se comparten a diario en redes sociales, y sus concursantes estrella se han convertido en pequeñas celebridades con seguidores propios. A la vez, el concurso ha saltado del televisor al móvil con aplicaciones y juegos que permiten a cualquiera vivir la emoción de responder contrarreloj sin esperar a la hora de emisión. La esencia, sin embargo, sigue siendo la misma que en 1965: saber, arriesgar y disfrutar.
Por qué seguimos enganchados
Sesenta años después de «Cesta y puntos», el concurso sigue gozando de una salud envidiable. La razón es sencilla: combina el placer de aprender con la emoción de competir, y permite al espectador jugar desde el sofá, gritando la respuesta antes que el concursante. Es un formato profundamente democrático, donde lo único que importa es lo que sabes. Da igual la edad, el origen o los estudios de cada cual: ante la pregunta, todos los concursantes parten en igualdad de condiciones, y esa igualdad radical es buena parte de su encanto imperecedero.
Nuestro Gran Concurso es un homenaje directo a esa tradición: la tensión de repartir tu premio y arriesgarlo todo en una respuesta bebe de aquellos formatos de trampilla que tanto nos marcaron. Si quieres seguir poniéndote a prueba, échale un ojo a nuestras 50 preguntas de cultura general o descubre los errores de cultura general más extendidos, para no tropezar cuando llegue tu momento de brillar.
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