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El origen de los juegos de trivia: del Trivial Pursuit a las apps

¿De dónde viene nuestra fascinación por las preguntas y respuestas? La historia va del latín antiguo a los escándalos televisivos, del tablero que arrasó en los ochenta a las aplicaciones que llevamos hoy en el bolsillo. Este es el recorrido.

El origen de la palabra

Del «trivium» a lo «trivial»

La palabra trivia tiene una raíz latina sorprendente. Procede de trivium, literalmente «el cruce de tres caminos», el punto donde la gente se detenía a charlar de cualquier cosa. De ahí que trivialis pasara a significar «lo común, lo de la calle», y que trivial acabara queriendo decir «sin importancia». El sentido moderno —conocimiento curioso y menor, ideal para un juego— se popularizó en Estados Unidos en los años sesenta, cuando el término empezó a asociarse con esas preguntas de datos intrascendentes pero irresistibles que hoy llamamos trivia.

La misma palabra tuvo antes un uso académico muy distinto. En las universidades medievales, el trivium designaba las tres primeras artes liberales —gramática, retórica y dialéctica—, la etapa básica que se cursaba antes de pasar al quadrivium, formado por aritmética, geometría, astronomía y música. Es decir, que lo «trivial» empezó siendo lo elemental en el sentido de lo primero que se aprende, y solo con el tiempo derivó hacia lo insignificante.

Los concursos

La radio, la tele y un gran escándalo

Antes de que existiera ningún juego de mesa, las preguntas ya triunfaban en las ondas. En los años treinta y cuarenta, la radio estadounidense llenó su programación con concursos de conocimientos, un formato que la televisión heredó con entusiasmo en los cincuenta. Pero esa primera época terminó en un sonoro escándalo: en 1958 se descubrió que concursos tan populares como «Twenty-One» estaban amañados, con respuestas entregadas de antemano a los concursantes más carismáticos para mantener la audiencia. El caso, que llevó al famoso Charles Van Doren ante el Congreso, sacudió la confianza del público y obligó a reinventar el género con reglas más estrictas.

El fenómeno

Trivial Pursuit: el tablero que conquistó el mundo

La historia del juego de trivia moderno tiene fecha y lugar: diciembre de 1979, en Montreal. Dos canadienses, el editor gráfico Chris Haney y el periodista deportivo Scott Abbott, se dieron cuenta, mientras jugaban al Scrabble, de que podían inventar su propio juego de preguntas. Así nació Trivial Pursuit, con su tablero circular y sus seis categorías de colores: Geografía, Espectáculos, Historia, Arte y Literatura, Ciencias y Naturaleza, y Deportes y Pasatiempos. Cada acierto en una casilla especial daba derecho a una de las seis cuñas que en España se popularizaron con el nombre de quesitos, y había que reunir las seis para poder optar a la victoria.

Salió al mercado a comienzos de los ochenta y el éxito fue arrollador: solo en 1984 se vendieron alrededor de veinte millones de copias en Estados Unidos, y el juego se tradujo a decenas de idiomas. Trivial Pursuit demostró que millones de personas estaban dispuestas a pasar una noche entera respondiendo preguntas alrededor de una mesa, y convirtió la cultura general en un pasatiempo social de masas.

La cultura del bar

El «pub quiz» británico

Mientras el tablero triunfaba en las casas, en el Reino Unido nacía otra tradición que sigue vivísima: el pub quiz. En los años setenta, algunas empresas empezaron a organizar concursos de preguntas en los bares para atraer clientes las noches más flojas de la semana. La fórmula caló hasta convertirse en una institución: hoy miles de bares británicos celebran su noche de preguntas semanal, con equipos de amigos compitiendo por una ronda gratis o un premio simbólico. El pub quiz demostró que la trivia funciona mejor todavía cuando se juega en grupo y con algo en juego, por pequeño que sea.

La era digital

De la pantalla del ordenador al móvil

Con los ordenadores llegó una nueva forma de jugar. En 1995, el irreverente «You Don't Know Jack» mezcló trivia y humor gamberro en un formato de concurso digital que hizo escuela. Pero la gran explosión llegó con los teléfonos inteligentes. En 2013, la empresa argentina Etermax lanzó «Preguntados» (conocido en inglés como Trivia Crack), que se convirtió en un fenómeno mundial y llegó a ser la aplicación más descargada en decenas de países. Ese mismo año nació en Noruega «Kahoot!», que llevó los concursos a las aulas de medio mundo.

La fiebre siguió con experimentos como «HQ Trivia», un concurso en directo para el móvil que en 2017 reunía a cientos de miles de jugadores simultáneos repartiendo premios en metálico. Su meteórico ascenso y caída ilustran lo mucho que ha cambiado el consumo de trivia: hoy jugamos en cualquier momento, desde cualquier lugar y, a menudo, con gente de todo el planeta.

La era digital también ha multiplicado los formatos. Hoy conviven las apps para jugar en solitario un minuto en la parada del autobús, los juegos por equipos que reúnen a amigos en salas virtuales, los concursos educativos que llenan las aulas de preguntas y los retos diarios que crean el hábito de volver cada día. La trivia se ha adaptado a cada hueco de nuestra rutina, algo impensable en la época del tablero.

En España

Cuando el tablero llegó a nuestras casas

La fiebre por Trivial Pursuit no tardó en cruzar el Atlántico. A mediados de los años ochenta, el juego llegó a España con sus preguntas adaptadas al público local, y se convirtió en un clásico de las estanterías de varias generaciones. Las sobremesas familiares, las reuniones de amigos y las tardes de lluvia encontraron en aquel tablero con sus «quesitos» de colores un entretenimiento perfecto: exigía saber, pero también premiaba la memoria de datos curiosos que nadie sabía muy bien de dónde había sacado. Su llegada coincidió, además, con la edad de oro de los concursos de la televisión española, de modo que la trivia estaba por todas partes: en la pantalla y en la mesa del comedor.

La receta

Los ingredientes de un buen juego de preguntas

Si un formato ha sobrevivido durante casi un siglo cambiando constantemente de soporte, es porque toca algo profundo. Todos los grandes juegos de trivia comparten los mismos ingredientes. El primero es la satisfacción de acertar: recuperar un dato de la memoria produce un pequeño chute de recompensa que engancha. El segundo es la tensión del riesgo, la duda de si arriesgar o no una respuesta que no tienes del todo clara. Y el tercero, quizá el más importante, es su dimensión social: la trivia se disfruta muchísimo más en compañía, compitiendo, picándose y celebrando los aciertos juntos.

A esos tres pilares, cada época ha añadido lo suyo: la radio y la televisión aportaron el espectáculo, el tablero la reunión alrededor de una mesa, el pub quiz la competición por equipos y las apps la inmediatez de jugar cuando y donde quieras. Cambia el envoltorio, pero la receta básica no se toca.

Conclusión

La misma pasión, nuevos formatos

A lo largo de casi un siglo, el soporte ha cambiado sin parar —radio, televisión, tablero, bar, ordenador, móvil—, pero la esencia sigue intacta: el placer de saber, la emoción de arriesgar una respuesta y la alegría de compartirlo con otros. Los juegos como SAPIENS son el último eslabón de esa larga cadena, que hunde sus raíces en aquel cruce de tres caminos donde la gente se paraba a hablar de todo y de nada.

Si te interesa esta historia, te gustará nuestro repaso a la historia de los concursos de televisión en España. Y para vivir en primera persona esa tradición, siéntate en nuestro Gran Concurso o mide tu nivel con la Pregunta Diaria. También puedes empezar por las 50 preguntas de cultura general explicadas.

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